Por qué le voy a decir a mi hija de 4 años que Papá Noel no existe

“No tengo ninguna intención de alentarla a creer en una puesta en escena inventada por los adultos con la justificación de hacer felices a sus hijos. ¿Qué entienden esos padres como felicidad?” 



  No pienso alentar a mi hija a que crea en una puesta en escena falsa con el polémico objetivo de hacerla feliz

  Mamá, ¿quién es Papá Noel? Me preguntó mi hija de cuatro años hace unos días. Estimo que esta será la primera Navidad que le deje recuerdos para toda la vida y no quisiera equivocarme.

  Flashes, imágenes y perfumes junto con la síntesis de sus días en mis redes sociales en el caso de que sigan existiendo cuando ella crezca. Nunca creí en Papá Noel. 


 Es cierto que a mis padres les importaba bastante poco la figura del gordito bonachón vestido de rojo y que por eso no me alentaron a esperarlo, pero a la vez siempre tuve la intuición de que el relato era una mentira flagrante, incluso cuando íbamos a celebrar Nochebuena en otras casas donde alguien siempre hacía el papelón de disfrazarse con la única consecuencia de terminar aterrorizando a los niños que siempre terminaban llorando a los gritos clamando por sus padres y por sus regalos.

  Ya venía pensando en qué contarle respecto de la Navidad. ¿Cómo darle sentido a una fiesta que lo ha perdido por completo con el paso del tiempo? 

 Mis padres me decían que era el cumpleaños del niño Jesús, que por eso nos regalaban juguetes trayendo, así, al presente al famoso nacimiento ocurrido en Belén hace, en teoría, casi 2018 años.


  Sin embargo, hoy considero que dadas las enormes incertidumbres que conlleva la vida en sí misma resulta absolutamente irracional agregar una nueva inquietud a la nómina de misterios de la humanidad.

  Papá Noel era un señor muy bueno que repartía juguetes entre los niños pobres, le respondí y le agregué que, en realidad, se llamaba Nicolás. ¿Y por qué hay que pedirle regalos?, insistió. 

 Porque -lo creamos o no- la fantasía navideña recuerda el cumpleaños de un bebé importante en la historia de la humanidad, un bebé llamado Jesús, que se representa en todos los niños del mundo que reciben regalos en su nombre. No sé si me entendió pero en el momento pareció convencida.


   No tengo ninguna intención de alentarla a creer en una puesta en escena inventada por los adultos con la justificación de hacer felices a sus hijos. ¿Qué entienden esos padres como felicidad? ¿Regalos llegados en renos a cargo de un solo hombre que recorre el mundo volando a bordo de un trineo?

  Yo contemplo más bien un complot organizado para engañar explícitamente a los más pequeños. Y no me refiero al sentido espiritual de la fiesta, ni tampoco voy a caer en el lugar común de la crítica al consumismo capitalista. 

 Nosotras no escribimos cartita ni nos sacamos fotos en ninguno de los shoppings con los representantes transpirados de Santa. No entiendo la exposición al sufrimiento: los tengo bien observados, son minoría los niños que no lloran cuando se encuentran cara a cara con el sujeto de los regalos. ¿Hay necesidad de asustar así a los hijos o de usar a Papá Noel como amenaza para cuando se portan mal?

   Ojo que esto no es un manifiesto en contra de la fantasía, todo lo contrario, estoy convencida de que la fantasía -los cuentos, los dibujos animados o los juegos- es una gran fuente que sirve para comprender el mundo y para expandir la imaginación y la creatividad, sin embargo creo que sólo es válida y honesta en tanto el niño sepa que eso que ve, lee o escucha no es real, sino un mundo posible imaginario. 

 El gran problema que nos representa Papá Noel es que existe un consenso social que permite que todos nos pongamos de acuerdo con representar falsedades que tarde o temprano terminarán siendo descubiertas.


  Si hasta existen padres que te retan cuando les preguntás con naturalidad, ¿qué le vas a regalar a Fulanito para Navidad? La reacción suele ser bastante cómica: abren los ojos con mirada asesina, hacen el gesto de silencio con el dedo y te reprochan en un tono de voz casi imperceptible que no les rompas la ilusión a los chicos. 

 ¿Pero de qué ilusión me hablan? De una que en breve se convertirá en una desilusión triste que hasta puede implicar esta otra pregunta: ¿en qué otra cosa me mentiste así, mamá? No, gracias, para fantasía y magia está Disney y la enorme oferta de objetos de consumo cultural infantil.

  Eso sí, tengo que cuidarnos de los que se toman la vida demasiado en serio y evitar que mi hija vaya por las infancias de sus amigos clamando la posta de la verdad. 

 Por eso, si alguna vez me llegara a preguntar por qué Papá Noel va a la casa de sus amiguitos y no a la nuestra le diría que no viene porque sus regalos los compro yo, pero que no tengo la menor idea de lo que sucede en otras casas. ¡Feliz Navidad!



Fuente: La Nación

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