No es que seas demasiado sensible: tienes el síndrome de la ‘persona esponja’

¿Sientes la necesidad de ayudar a todo el mundo? ¿Lloras de forma habitual mientras ves el telediario? ¿Te cuesta decir que no cuando alguien te pide ayuda? 



   Si antepones los problemas de los demás a los tuyos, presta mucha atención al siguiente artículo, podrías padecer lo que algunos psicólogos llamamos “síndrome de la persona esponja”, o “hiperperceptividad”.

  No, no es una broma. Existe un síndrome que se llama así y puede que lo tengas y entiendas que todo lo que te ha estado pasando tenía un sentido. 

  Pero que no cunda el pánico: la cosa no es tan chunga como podría sonar y tiene solución. Según nos cuenta Alba Aguilar, psicóloga general sanitaria, no se trata de un síndrome como tal, sino que “sería más bien un rasgo de la personalidad” que se asocia a “personas altamente emocionales y sensibles a las conductas y comportamientos de los demás”.

  
  Las ‘personas esponja’ son extremadamente receptivas y les cuesta decir que no a las peticiones de otras porque “anteponen los problemas de los demás a los suyos”. Por tanto, “sufren cuando no pueden controlar el entorno”, cuenta la psicóloga. 

  El problema se produce cuando no se trata de un rasgo psicológico aislado. Según Aguilar, en casos extremos “podrían formar parte de la sintomatología de enfermedades mentales graves como el trastorno límite de la personalidad y los trastornos ansioso-depresivos”.


¿Qué es el síndrome de la persona esponja?


  Tranquilo, el síndrome de la persona “esponja” no es un síndrome propiamente dicho, se trata de un tipo de personalidad que, debido a toda una serie de rasgos sensitivos con los que cuenta, lleva a la persona que la padece a presentar sufrimiento ante gran cantidad de estímulos.

  Si este es tu caso has de saber que no estás solo, entre un 15 y un 20% de personas presentan una personalidad altamente sensible. 


  Es crucial a la hora de detectar este tipo de personalidades que observes si de forma periódica te sientes extenuado, llegando a un punto en el que prefieres aislarte del mundo y no tener que hacer frente a ningún estímulo. 


 Otros de los rasgos característicos que definen a una persona esponja son

  • Aprecia la belleza a su alrededor.
  • Es perfeccionista y muy intuitiva.
  • Muy emotiva y empática.
  • Se lleva todo al campo personal y es muy sensible a las críticas.
  • Es muy consciente de su propia persona y tiene una gran capacidad para la autoobservación.
  • Se agobia con facilidad.
  • Es responsable.
  • Tiene una gran reactividad emocional.

¿Qué puedo hacer?


  • Ábrete a los demás


  Es fundamental que aprendas a expresar y canalizar tus sentimientos. Comparte tu gran sensibilidad con los demás y siéntete mejor contigo mismo al saber que no solo recibes sino que también aportas algo al resto de la sociedad.


  • Aprende a ser compasivo y empático


  Ser empático es una gran virtud pero puede convertirse en tu gran defecto si dejas que todo lo que les ocurre a los demás te afecte de igual manera a ti. 

 Has de aprender a controlar cómo te sientes, distinguiendo entre los que son las emociones del otro y las tuyas.


  • Ponte a ti por delante del resto


   No hay nada malo en anteponer tus necesidades a las de los demás. Dedícate tiempo a ti mismo para descansar, practicar algún hobby, cuidar tu alimentación o simplemente para pensar en cómo te sientes y en cómo te gustaría sentirte.


  • Marca los límites


  Uno de tus mayores esfuerzos deberá ir dirigido a aprender todos aquellos mecanismos que te generen cierta independencia exterior para no llegar al colapso y desequilibrarte.

  Aprende a decir que no y a no sentirte culpable por ello. Al fin y al cabo se trata de que consigas ser fiel a ti mismo, respetando y haciendo que los demás respeten tu tiempo, tus ritmos y tus necesidades.

   No reniegues de tu personalidad. Las personas sensibles y con el don de la empatía son más fieles en sus relaciones de amistad y capaces de generar un clima de intimidad, pasión y magia como nadie sabe hacerlo. 


 Pero recuerda, la compasión es buena solo en su justa medida. Si crees que necesitas ayuda no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos quienes te ayudarán a controlar tus emociones, desde la primera sesión gratuita.

   Al igual que la empatía puede ser una gran aliada en la gestión de tus relaciones con los demás, un exceso de ella puede convertirse en un defecto. Por eso, es fundamental que aprendas a controlar tus sentimientos y a distinguir entre las emociones de los demás y las tuyas propias. 



  Para ello debes practicar el autocuidado, dedicándote tiempo a ti mismo. Parece una tontería pero en ocasiones se nos olvida reservar tiempo para nosotros mismos cuando nos supera el día a día. “Es importante que respetes tus tiempos y tus necesidades. Prioriza tu bienestar emocional”, aconseja Aguilar.

  Y aprovecha el lado positivo. Quizás no lo hayas pensado, pero esa sensibilidad extra podría ser de gran utilidad para cultivar tu faceta creativa. Incluso podría abrirte un camino en el que ni siquiera habías reparado y consigas hacer, de eso que creías un defecto, todo un don.


Fuentes: Siquia y Código nuevo

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