7 POEMAS DE HERMAN HESSE Y SUS MÁS HERMOSAS PINTURAS

 La obra poética de Herman Hesse es conocido fundamentalmente por su obra narrativa, la poesía ocupó desde muy temprano su tiempo y esfuerzos. 



  Ya en su juventud comienza a componer poemas; el primero del que tenemos constancia data de 1895, cuando Hesse apenas frisaba los dieciocho años.

  Todas sus novelas albergan un componente poético inexcusable, metafórico, alegórico, sin el cual se hace imposible entender la idiosincrasia literaria y vital del autor nacido en Selva Negra. 

 El último de sus poemas está registrado el 8 de agosto de 1962, es decir, unas horas antes de su muerte, lo que indica una permanente y siempre presente preocupación por la escritura poética.


  La poesía de Hesse condensa en sus versos lo que sus novelas desarrollan en mayor detalle; su poesía, es decir, compendia sus pensamientos en pequeñas píldoras, mientras que la obra narrativa indaga en los detalles, los explicita y aumenta. 

 En 2017 se cumplen 140 años del nacimiento de Hesse, y no contamos aún en español con la traducción de su obra poética, una falta que, en muy modesta medida, aquí aliviaremos con una breve selección de su poesía.   
 
 A pesar de haber coincidido en el tiempo con escritores de la talla de Heinrich Mann (hermano del hoy más célebre Thomas), Stephan George o el mismísimo Kafka, la literatura de Hesse supo abrirse paso por su capacidad para deslindarse de las dos corrientes artísticas predominantes en su época: el naturalismo ya por entonces en declive, y la vertiente más expresionista.


  En él la literatura se convierte en una suerte de religión estética, mediante la cual sale a relucir no sólo la capacidad narrativa o poética del autor, sino también y sobre todo el talento para reflejar mediante lo particular lo más universal.

  Todo ello le hizo merecedor de los premios Goethe y Nobel, así como de otros menos conocidos, el Wilhelm Raabe en 1950 o el de la Paz de los libreros alemanes en 1955.




A continuación la breve selección, en traducción de Carlos Javier González Serrano.


Libros [Bücher]


  Ninguno de los libros de este mundo
te dará la felicidad,
aunque ellos te muestran clandestinamente
el camino de regreso a ti.

  Allí está todo cuanto precisas,
el sol, las estrellas y la luna,
pues la luz tras la que vas
en ti mismo habita.

  La sabiduría que largamente buscaste
en las bibliotecas
luce ahora en cada página,
ahora es tuya.

  

Huida de la juventud [Jugendflucht]

  El rendido estío inclina la cabeza
y su amarillenta imagen aparece en el lago.

  Camino cansado y polvoriento
a través de las alamedas en sombra.

  El medroso viento corre entre los chopos,

tras de mí, el cielo rojo,

y frente a mí, la angustia del anochecer

-y el crepúsculo- y la muerte.


  Camino cansado y polvoriento,

y tras de mí queda titubeante

la juventud, que inclina su bella cabeza

y no desea acompañarme durante más tiempo.


  La silenciosa nube [Die leise Wolke]


Delgada, blanca,

dulce, silenciosa

nube que ondea en el [cielo] azul.

Baja la mirada y siente

cómo eres con blanca bienaventuranza

y entre azules sueños transportada.

 

  El poeta [Der Dichter]  


Sólo para mí, solitario,

brillan las infinitas estrellas nocturnas,

murmuran los empedrados pozos su mágica canción,

sólo para mí, para mí tan sólo, para el solitario,

deambulan las cromadas sombras

al igual que las errantes y soñadoras nubes sobre el horizonte.



  Ni un hogar ni el campo arado,

ni el bosque ni la caza ni profesión me fueron dados,

mío es tan sólo lo que a nadie pertenece,

mío es el violento arroyo tras el bosque velado,

mío el mar turbador,

mío el canto de pájaro de los niños que juegan,
las lágrimas y el sufrimiento de un enamorado solitario al atardecer.

  Míos son también los templos de los dioses, mío es
el venerable pasado de los pequeños bosques.

  Y no menos es el futuro
mi patria, la luminosa bóveda celeste:
a veces en nostálgico y alto vuelo mi alma se eleva
para contemplar el sagrado futuro de la humanidad,
[para ver] el amor, superador de la ley, el mutuo amor que se profesan los pueblos.

  Me reencuentro con todos, tocados por la nobleza:
el campesino, el rey, el mercader, el incansable gremio marinero,
el pastor y el jardinero, todos ellos
agradecidos celebran la fiesta universal del futuro.

  Al margen queda el poeta,
él, espectador solitario,
él, portador de los anhelos de la humanidad y pálida imagen;
el futuro, ese mundo ya colmado,

no necesita nada más.

  Sobre su tumba se marchitan las coronas de flores,
y olvidado queda su recuerdo.

 

Atardecer solitario [Einsamer Abend]


  Se tambalea en la vacía la botella y en el vaso
el brillo de la vela;
hace frío en la habitación.

  Afuera cae la lluvia sobre la hierba.

  Te tiendes de nuevo para descansar brevemente
avasallado por el frío y la tristeza.

  El amanecer y el atardecer llegan de nuevo,
siempre vuelven:
tú, jamás.


Instrucción o Enseñanza [Belehrung]


  En menor o mayor medida, mi querido muchacho,
resultan al fin engañosas todas las palabras del hombre;
tan sólo a medias cuando aún estamos en pañales
son honestas, y más tarde en la tumba.

   Reposamos entonces bajo el Padre,
ya sabios y henchidos de una fría claridad;
con blancos huesos golpeamos a la verdad,
y alguno se mentiría y volvería de nuevo a la vida.



  Lamentación [Klage]


  No nos ha sido concedido el ser. Sólo somos río
que fácilmente adopta cualquier forma:
el día, la noche, la caverna y la catedral,
todo ello atravesamos, y a ello nos empuja la sed de ser.

  Y así llenamos forma tras forma sin descanso,
aunque ninguna se convierte en nuestra patria, en la felicidad, en la necesidad,
siempre permanecemos en el camino, siempre huéspedes,
no nos llama el campo ni el arado, ni nos espera el alimento.



  No sabemos qué piensa Dios de nosotros,
somos sus juguetes, barro en sus manos
mudable y manejable, que ni ríe ni llora,
que se moldea fácilmente, pero que nunca arde.

  ¡Por una vez helarse como la piedra! ¡Durar por una vez!
Por eso nuestra nostalgia permanece siempre viva,
pero resta aún un temible estremecimiento,
y nunca encontramos descanso en nuestro camino.



Fuente: El vuelo de la lechuza 

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