¿TE HAS PREGUNTADO QUIÉN ERES?

Y no va, que te preguntan quién eres y empiezas a enumerar tus oficios y el puesto que desempeñas.


  Y pueden incluso después preguntarte por tus logros y al instante pensarás que te interrogan por tus premios, tus estudios, tu automóvil de estreno y cuánto llevas ahorrado en el banco, si tu casa tiene piscina y en qué barrio la construiste, o si de malas ganas y por costumbres bien vistas pudiste rejuntar una familia de máscara funcional, con una esposa educada y unos hijos obedientes.
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  Acaso te cuestionen tus proyectos y de inmediato mostrarás un pasaje aéreo y una propuesta laboral con más ceros que la actual, sin importar de qué versen sus pretensiones. Te hablarán de sueños y asumirás que hablan de un gran sillón en una aún más grande oficina de un piso muy alto.

 Y quizás sientas entonces el pecho muy inflado de cosas, que en verdad no eres.

 Quizás entonces, luego de haberte escuchado con paciencia esperando saber de tí, aquél que te preguntó al inicio, vuelva a preguntarte "pero...¿quién eres?" como si en verdad nada le hubieras dicho.

  Ojalá entonces llegues a entender lo que la interrogación buscaba.

  Saber de ti no es contabilizar los cuántos o presumir lo que otras vidas vacías han dicho de tus méritos o ensalzado tus circunstanciales y pasajeros éxitos.

  Tal vez quien te preguntaba quería desnudarte de esas formalidades con que se aplauden los que todo el tiempo intentan vestirse de brillos prestados para esconder su propia desnudez.
 
  La pregunta sólo atinaba a que dijeras si eras feliz, si aún sonreías todos los días como cuando niño, es decir, si aún hacías que tus días valieran, día a día. Si amabas a quienes compartían tu vida y si hacías que ellos amaran cada momento compartido contigo. 

  Todavía más, si lograbas extrañar con nostalgia, pero no era el dolor lo que veías al mirar las viejas despedidas. Si te admirabas del otoño y disfrutabas el sol de verano, o si en la primavera renacías o durante el invierno te guardabas en sueños germinando. Puede que quien te preguntara sólo esperara saber si besabas todos los días o abrazabas sin miramientos. Si debajo de tantas etiquetas residía una persona, o sólo otra etiqueta más.

  La pregunta al fin, quizás no fuera más para saber, si en la noche eras una estrella, o sólo esa oscuridad que rellena el espacio entre el brillo de sus luces.

— Jacques Pierre


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