Un manuscrito desmiente a Truman Capote y su libro "A sangre fría"

"A sangre fría", una de las obras más emblemáticas del siglo XX sería una estafa según la versión de uno de sus protagonistas. Así lo afirma uno de los asesinos, de acuerdo con una investigación de The Wall Street Journal.


Fuente: Clarín y  Francesc Peirón, corresponsal en Nueva York de La Vanguardia.


   Después de cinco décadas de que se publicara la obra más relevante de Truman Capote, investigadores descubrieron otra versión de su elogiado relato criminal "A sangre fría". Si esto se confirmara, aunque es cierto que no podría hacer tambalear reputación literaria de Truman Capote, no se puede asegurar lo mismo sobre la consideración ética que despierta su trabajo de investigación y el género de novela de no ficción que impulsó.

  Lo cierto es que durante medio siglo, los estudiosos descubrieron datos erróneos y eran reconocidos los “embellecimientos” de la historia sobre el asesinato de los cuatro miembros de la familia Clutter, registrado en 1959 en el Kansas rural que Capote había hecho como licencias literarias. Sin embargo ahora, una investigación realizada por el diario neoyorquino The Wall Street Journal develó que la explicación de Capote no es la única que existe de la masacre y esto va mucho más allá de algunas simples libertades a la hora de escribir.

  En el artículo firmado por el periodista Kevin Helliker se constata que el reverenciado autor e inspiración del llamado “nuevo periodismo” se calló un dato por demás relevante. Se “olvidó” de mencionar que Richard Dick Hickock, uno de los autores de la matanza y una de sus primordiales fuentes de información, también escribió un manuscrito de los hechos.

  Luego de contrastar su correspondencia se puede deducir que Capote sabía de de la existencia de este manuscrito y que le preocupaba que llegara a conocerse, ya que su competidor acabó su “creación” incluso con bastante antelación.

   En parte gracias a sus propias gestiones para ocultarlo, el manuscrito de 200 páginas no encontró editor y acabó perdido. En su descripción, siempre según el artículo de Helliker, Hickcock no defiende su inocencia ni la de su colega Perry Smith.

  Cuenta que se metieron en la casa de los Clutter –Herbert, su esposa y sus dos hijos– y, con las luces apagadas, él iluminaba la cabeza de cada uno con su linterna para que Smith les pegara el tiro de gracia. “Me habría gustado ver al embalsamador rellenando esos agujeros”, escribe. Sólo lamenta no haber sido él quien disparó.

  Su narración cuenta con un giro inesperado, que rompe con la trama conocida. En "A sangre fría" se cuenta que Hickock y Smith fueron a robar. Floy Wells, ex compañero de presidio y ex empleado de la granja, les dijo que Clutter tenían una caja fuerte con 10.000 dólares.

   Sin emba rgo, Hickock sugiere que acudieron para ejecutar un encargo. Un tal Roberts les prometió 5.000 dólares por la muerte de, al menos, Herbert Clutter. Escribe que se marcharon rápido porque tenían poco margen para llegar a cobrar.

  Los indicios apuntan a que esa idea del crimen a demanda es una fabulación de Hickcock, definido como “mentiroso patológico”. Pero de ser cierto, sería una prueba de que el crimen no fue del todo resuelto en su tiempo y que habría faltado encontrarse a otros responsables por el mismo, lo que de algún modo, dejaría "inconcluso" a la obra de Capote.

 Pero esa no es la única incertidumbre que envuelve el manuscrito. Un periodista de la zona, Mack Nations, contactó en 1961 con los dos condenados. Trabajaba en un reportaje sobre el corredor de la muerte y Hickock le confesó que escribía una versión de lo que había pasado. Acordaron en que el prisionero se lo enviará por correo, sin embargo la correspondencia se cortó antes de que completara sus envíos tras una prohibición de las autoridades penitenciarias de que hubiera contacto con los presos, en directo o epistolar. Pese a esto, hicieron una excepción, puesto que Truman Capote sí podía verlos.

  En 1962, Nations envió una copia del manuscrito que había recibido de Hickock a la oficina del fiscal de Kansas. Esta copia quedó en poder de Robert Hoffman, un abogado de la oficina del fiscal, la cual fue la que ahora consiguió el Wall Street Journal para revisarla.

  Según testigos, Capote quiso comprar el manuscrito. Nations se negó y trató de publicarlo. Random House se lo devolvió con la aclaración de que tenían contrato con Capote. Por entonces, y para felicidad de éste (la expresó en su correspondencia al referirse al “periodista bastardo que tantos problemas me ha causado"), a Nations le sacaron un viejo caso de evasión fiscal.

   Aunque lo absolvieron, eso fue el fin de su carrera en el diario The Wichita Eagle. Se mudó a Colorado y se hizo cargo de un pequeño periódico. En 1968, a los dos años del éxito de A sangre fría, Nations se mató en un accidente de coche. Su copia del libro de Hickock desapareció. Llevaba el título de "Autopista al infierno".

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