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martes, 14 de marzo de 2017

¿Libros ofensivos o una censura encubierta? Llegan los "lectores de sensibilidad"

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Emplear a miembros de minorías que revisan libros en busca de estereotipos es una tendencia emergente en la industria de Estados Unidos. Pero esto abre un nuevo debate, ¿hasta qué punto se puede censurar la obra de un autor por temor a que algunas personas puedan sentirse ofendidas?




   Hoy en día la sensibilidad para tratar a las minorías está más presente que nunca. Muchos autores se han encontrado con que sus libros han sido mal recibidos por la manera en la que, posiblemente de manera involuntaria, han tratado a personajes, tanto por su sexo como por su religión o raza. Para evitar esto, se ha creado una nueva figura dentro del panorama editorial, el lector de sensibilidad, quien se dedica a revisar el texto para evitar ofensas.


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  La mayoría de estos lectores están trabajando para autores que están desarrollando su novela, para que, desde un principio, los personajes y situaciones no sean irreales u ofensivas, pero algunas editoriales ya están utilizando este tipo de filtros para seleccionar sus manuscritos. En un mundo donde un sencillo tuit de denuncia puede desatar una tormenta mediática, no es de extrañar que muchos quieran tanto cubrirse las espaldas como aprender de sus errores.

  Los editores de libros de EEUU, por temor a la reacción de los contra-sistema, están contratando a los lectores especiales para verificar los libros y encontrar contenidos ofensivos racistas, sexistas y otros antes de imprimirlos.
  Sin embargo, creo que tenemos que contemplar este fenómeno desde dos perspectivas diferentes. La primera es la del autor, que se dedica a escribir sobre temas, personajes y situaciones que, evidentemente, no conoce de primera mano. Lo normal, lo que todo escritor debe hacer, es salir a la calle y vivir él mismo lo que quiere escribir. Sí, es arriesgado crear personajes cuyo trasfondo social y cultural sólo conoces de oídas. Por mucho que te aconsejen, o veten, lo mejor es crear tu propia visión documentada de la realidad. Si luego esa visión genera polémica, que es posible, pasaríamos a la siguiente perspectiva, que es la social.


  “El Lector Sensible” es una persona que, por un precio mínimo de 250 USD, proporciona información al autor de un libro basándose en su conocimento sobre temas como los enfermos terminales, dinámica racial en comunidades negras y musulmanas, homosexualiad y otros.
  Si bien entiendo que, en determinados ámbitos de la literatura, sobre todo en la infantil y juvenil, autores y editores cuiden bien el mensaje que quieren transmitir pues, después de todo, estamos hablando de libros que se leen en plena educación y crecimiento personal, parece que nuestra incapacidad como sociedad para crear ciudadanos críticos nos lleve a producir textos libres de toda crítica y debate. Se crean espacios seguros en los que no hay discusión, se eliminan textos que podrían ofender y al final se acaba en cámaras de eco que no reflejan los conflictos que existen en el mundo.


   El año pasado, JK Rowling fue muy criticada por los lectores nativos americanos por su interpretación de las tradiciones del pueblo Navajo y su historia “La Historia Mágica de América del Norte”. La editorial de ese libro lo retiró del mercado: “¿Quién podría haber predecir que una dama blanca del Reino Unido tendría problemas con nuestra versión de la cultura nativa americana?” 
  Entiendo también que la crítica a lo políticamente correcto parece que está de moda, sobre todo por algunos a los que la única libertad que les gusta es sólo la suya, pero hay que marcar un límite entre la libertad de expresión y la sensación de ofensa. En una sociedad crítica, un texto ofensivo debería ser detectado y tomado en consideración por lo que dice y narra, sobre todo si estamos hablando de libros para adultos. De hecho, algunos de estos lectores se plantean si al corregir a autores que no saben nada de su cultura, están perpetuando que sean los grupos mayoritarios los que escriban sobre ellos.
   Keira Drake, otra autora de libros para jóvenes, por su parte, tuvo que revisar su novela de fantasía “El Continente” siguiendo la reacción en las redes sociales debido a su interpretación de la gente de color.  El temor de “ofender” ha asustado a algunos autores,  como a Susan Dennard, que contrató a un “Lector Sensible” para revisar su interpretación de un personaje transexual en su libro, de modo que el temor de que alguien pueda llegar a resultar ofendido, está coartando la liberta de los autores y condicionando la calidad de sus libros.

 
  Como autor, prefiero escribir sobre temas que conozco. Dejar que otros purguen las historias que escribo para no ofender a minorías me parece dejar la puerta abierta a que pronto haya que revisar los textos para no ofender absolutamente a nadie, defender las buenas costumbres y acatar el paradigma oficial del momento. A veces la realidad es ofensiva. El pecado aquí es no hacer bien el trabajo fundamental del escritor que es documentarse bien y narrar lo mejor posible.

  ¿Y ustedes? ¿Piensan que esta figura es necesaria o que el propio autor debe ser consciente de lo que escribe? Esperamos sus comentarios.

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