Es una niña de sólo 4 años ¡y ya ha leído más de 1.000 libros!

The Washington Post, el club de los libros perdidos, The Pleasure of Books,Books Before Kindergarden, Library of Congress
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La pequeña Daliyah Arana, aunque no puedas creerlo, seguramente ya leyó más libros en sus escasos 4 años de los que muchos leerán en toda su vida.


 Con tan sólo cuatro años, esta niña de Gainesville, Georgia (EEUU) ya ha leído la increíble cantidad de 1.000 libros, un número muy por encima de la media en Estados Unidos y no digamos en España o cualquier otro país. Aquí, según un barómetro del CIS, el 35% de los encuestados dice no leer nunca o casi nunca. El otro 65% lee al menos una vez al trimestre y sólo el 29,3% dice leer todos los días.

Fuente: Yoroobu




  Tampoco nos flagelemos demasiado, que la chiquilla juega con ventaja. Cuenta su madre en una entrevista en The Washington Post que ya le leía libros a su hija estando embarazada. Claro, así cualquiera puede, pensará más de uno. Si metemos en el cálculo los cuentos que nuestras madres leían a nuestros hermanos mayores mientras nos gestaban, quizá a los 1.000 no lleguemos, pero seguro que el porcentaje de los que confiesan no abrir un libro ni para ver el precio disminuía significativamente.



  Bromas aparte, el caso de la pequeña Daliyah es admirable. Algo que tampoco debería sorprender cuando tienes a toda tu familia dándote ejemplo desde antes incluso de tu nacimiento: en el hogar de los Arana todos leen. Su madre, Haleema Arana, afirma que a los 18 meses la niña ya reconocía las palabras de los libros que su madre le leía a ella y a sus hermanos mayores y pronto quiso hacerlo por sí misma. Así que no sorprende que con dos años la niña ya fuera capaz de leer ella sola.

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  Ahora, con cuatro años, Daliyah ya puede presumir de haber leído más de 1.000 libros y unos cuantos textos universitarios. Algunos tan sesudos como el discurso The Pleasure of Books, de William L. Phelps. Lo que es más dudoso es que la niña haya entendido algo de lo que ahí se dice, pero escuchar pronunciar a una pequeña palabras como punctiliousness (meticulosidad en español) o expresiones como annihilates formality (aniquila la formalidad) como poco llama la atención (¿será este un claro ejemplo de eso que llaman niños con altas capacidades?).



  De hecho, sus padres nunca han probado el nivel de lectura exacto de su hija, pero la niña es capaz de leer libros que sus hermanos mayores, de 12 y 10 años, traen a casa del colegio. Sólo pide ayuda cuando se le resiste alguna palabra. Pero no hay que exagerar, la niña lee básicamente cuentos. No encontraremos en su biblioteca a Shakespeare o a Cervantes. Su autor favorito es el escritor de literatura infantil Mo Willems.



 El programa de fomento de la lectura estadounidense 1,000 Books Before Kindergarden anima a los padres a leer con sus hijos un libro cada noche, de tal manera que en un año habrán leído 365 libros. En dos años, 730 y en tres, 1095. Por supuesto, quienes acepten el desafío pueden repetir libro. Así visto, no parece tan difícil.



  Daliyah y su madre ya han cumplido con creces el reto. Tanto es así que la progenitora espera que su hija alcance la cifra de 1.500 antes de iniciar su escolarización.



  Que la niña es, cuando menos, precoz, es algo fácil de deducir si pensamos que en España, los niños no empiezan a leer hasta los cuatro o cinco años. En Finlandia, paradigma de la educación, no lo hacen hasta los siete. Enseñarles a leer antes de esas edades no es recomendable, según los expertos.




  Tampoco, dicen, consigue niños con mejores resultados académicos. Lo importante es respetar el ritmo de cada niño en cuanto al aprendizaje en esas edades. Si alguno demanda saber palabras antes que otros compañeros, adelante con la enseñanza. Este parece ser el caso de la pequeña estadounidense. Pero forzar un aprendizaje tan temprano no es algo que ningún pedagogo recomiende.

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  La avidez por la lectura que demuestra la niña le ha valido poder ejercer como bibliotecaria del día en la Library of Congress de Estados Unidos, una de las más grandes e importantes del mundo y el sueño de cualquier bibliotecario. La pequeña recorrió la biblioteca con Carla Hyden, su directora, como guía. Tan bien se lo pasó que ya tiene claro lo que quiere ser de mayor: bibliotecaria.



  Ojalá que la vida de Daliyah, y la de cualquier niño, esté siempre rodeada de libros y palabras. Quién no querría como padre que, puestos a tener hijos con hambre voraz, fuera de libros.


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