11 lecciones de Mario Benedetti para curar un corazón roto

   La literatura es mucho más que una simple manera de entretenernos. Los libros nos llevan a lugares, mundos y tiempos que jamás podríamos conocer en la realidad y nos hace vivir en la piel de personajes reales e imaginarios que en ocasiones se parecen increíblemente demasiado a nosotros mismos.


   Por eso la literatura puede brindarnos amparo y consuelo cuando las cosas van mal en nuestra vida. La poesía y la prosa no son solamente un conjunto de obras de ficción, sino que, en palabras de Stephen King, “son la realidad dentro de la mentira”. Aunque la historia que te está contando un autor sea completamente ficticia, siempre hay elementos de la realidad en ella, y gracias a esos elementos de realidad hay muchos aprendizajes en una obra literaria que se pueden tomar para aplicar en nuestras vidas.

   En lo que a la realidad del desamor se refiere, Mario Benedetti ha sido uno de los autores que mejor han sabido explorarla. Benedetti tiene la virtud de no irse por los extremos, es decir, ni explota en odio contra el ser que no le ama ni se ciega en devoción por el objeto inalcanzable. Antes bien, admite que en todo hombre o mujer decepcionados hay algo de culpa y que la mejor manera de afrontar el desamor es la autocrítica serena, sin caer en la martirización.

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  Y ya que hemos estando hablando de desamor y de Benedetti a la vez, vamos a presentarte 11 lecciones que el autor uruguayo nos ha dejado para ayudarnos a sellar nuestro corazón cuando se encuentre roto:


   “A la ausencia no hay quien se acostumbre. Otro sol no es tu sol aunque te alumbre.” (Mar de la memoria).
   La enseñanza de esta frase radica en que lo perdido nunca regresará, aunque otros similares vengan a ocupar su lugar.

  “Sé que soy un idiota al esperarte, pues sé que no vendrás”. (Espero).
  Aquí es cuando uno se pregunta ¿qué caso tiene esperar? ¿No es mejor levantarse y comenzar de nuevo?


  “Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos”. (Soledades).
   Benedetti argumenta en “Soledades” que la felicidad y el amor son pasajeros. El estado natural de toda persona es la soledad, y pronto en una relación esto se llega a sentir, como si una especie de vacío se estuviera abriendo entre los dos.

  “Posiblemente me quisiera, vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme”. (La tregua).
   Personas a las que amamos nos pueden llegar a herir, incluso si ellas mismas nos aman. El aprendizaje quizá sea que no nos debemos aferrar a una relación que nos hace más daño de lo que nos aporta.

   “Te quiero pero no deseo luchar contra el destino. Disfrutaré de vez en cuando de tu recuerdo que seguirá alterándome”. (Adiós).

   Quizá sea más fácil aceptar el destino de que un amor terminó, a tener que luchar contra el recuerdo de ese amor. Cuando Benedetti dice “disfrutaré de tu recuerdo”, en realidad se trata de un disfrute doloroso, de un masoquismo del espíritu, pues aunque sabemos que recordar nos hace daño, seguimos trayendo esas imágenes a nuestra memoria.
  “El olvido está tan lleno de memoria que a veces no caben las remembranzas y hay que tirar rencores por la borda. En el fondo, el olvido es un gran simulacro repleto de fantasmas”. (Ese gran simulacro).
   Para olvidar hay que liberarse de esos fantasmas, no hay más. Siempre quedará un recuerdo, lo importante es que ese recuerdo duela cada vez menos.

  “Así estamos, cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos”. (La tregua).
  Llega el momento en que el amor y el odio se esfuman para dar paso a la indiferencia. En ese momento, al menos tendremos paz.

  “Me gusta el viento. No sé por qué, pero cuando camino contra el viento parece que me borra cosas. Quiero decir: cosas que quiero borrar”. (Primavera con esquina rota).
   El camino al olvido es lento, contra el viento, pero cada paso es un logro y paso a paso vamos superándolo todo.


  “Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”. (La gente que me gusta).
  A veces queremos olvidar negando nuestras emociones. Error. Hay que aprender a vivir el dolor, que el dolor nos purifique, para que, una vez que pase, entonces sí podamos seguir nuestro camino sin cargas ni ataduras emocionales.

 “El amor es una palabra, un pedacito de utopía, es todo eso y mucho menos y mucho más, es una isla, una borrasca, un lago quieto; sintetizando, yo diría que el amor es una alcachofa que va perdiendo sus enigmas hasta que queda una zozobra, una esperanza, un fantasmita”. (El amor es un centro).
   En toda relación, el amor puede ir perdiendo su encanto. Así que siempre hay esperanza de que acabemos olvidando al ser que no nos ama.

   “ No te quedes inmóvil, al borde del camino, no congeles el júbilo, no quieras con desgana, no te salves ahora, ni nunca,no te salves”... (No te salves).
   Siempre hay una oportunidad nueva para superar un desamor. Lo importante es tener perseverancia, paciencia y mucha fuerza de voluntad.

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