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domingo, 29 de marzo de 2015

Una historia maravillosa en medio de montañas de basura, la increíble vida de Cleuza



Ella se llama Cleuza Aparecida Branco de Oliveira, trabaja el el basurero de São José do Rio Preto, en el Estado de Sâo Paulo en Brasil y tiene 48 años.

   Hablamos de una persona que nació en el campo y a los diez años cuando sus padres emigraron a Sao paulo, trabajaba ya como empleada doméstica. Con 16 años ya estaba casada, con un marido que pretendía imponerle su voluntad. En fin, que no podemos decir que lo tuviera fácil precisamente. Pero ha conseguido grandes logros sociales, logros que la mayoría no nos atreveríamos ni a soñar: tierras en las que viven 17.500 familias, hay 10.000 jóvenes formados y 60.000 estudiando, todos procedentes de las favelas gracias a ella.

Estas son algunas de sus palabras:




Periodista: ¿No son los adolescentes de las favelas en su mayoría traficantes y criminales?
Cleuza: Sí, pero cuando la gente ve una posibilidad mejor, cambian, dicen: “Yo no voy a robar más porque quiero ir a la universidad”; “Yo no quiero hacer más de prostituta, quiero ser enfermera”. Cuando un joven tiene un sueño (ser periodista, médico, ingeniero), surge la esperanza. De lo que más hablamos en nuestro movimiento es de esperanza.

Periodista: ¿Y funciona?

CleuzaUna mujer que es padre y madre, que tiene que sacar adelante a una familia, necesita esperanza.

Periodista: Esperanza y algo de dinero.

Cleuza: La esperanza es más importante que el dinero. El Gobierno de Brasil reparte mucho dinero entre los pobres, pero darle dinero a una persona es dejarla sin esperanza. Necesitamos ser protagonistas de nuestra propia vida. Mi marido no quería que yo fuera protagonista, quería ser dueño de mi vida.

Periodista: Usted se volvió a casar.

Cleuza: Sí, pero mi marido es miembro de la asociación, donde yo piso él también pisa.

Periodista: ¿Qué es lo más importante?

Cleuza: Hacer de tu vida servicio. Si yo no hago de mi vida servicio, mi vida no sirve para nada. Servir es servir a otro, hacer algo por lo demás. Si yo no consigo amar a otro, no consigo amarme a mí misma. Si mirando a una mujer sola y pobre con tres hijos no me conmuevo, ¿qué soy yo?

    Si a esto no lo llamamos conseguir un sueño, no sé a qué vamos a llamarlo entonces. Sólo tenía su esperanza, su tenacidad y su deseo para conseguirlo y ahí están los resultados. 


 "Puede que algunos sigan llamándome ilusa, pero yo seguiré creyendo que el poder de transformar el mundo, el poder de cambiar las situaciones que nos depara la vida por muy duras que sean, reside en una gran parte en nosotros mismos."


Por tanto, tengo que volverte a preguntar: ¿crees que otro mundo es posible? ¿cuál es tu aportación para que así sea?

   Brasil es un país de contrastes. También en la lectura. Mientras se multiplican por todas partes iniciativas geniales para crear nuevos lectores, hasta en medio a los basureros, y el gobierno distribuye millones de libros cada año, la mitad de los alumnos de primaria salen de la escuela sin saber leer ni escribir.

   Existen aún 12 millones de analfabetos totales y muchos millones más de analfabetos funcionales, que apenas si saben escribir su nombre y leer un titular con letras mayúsculas pero mientras Cleuza trabaja, con frecuencia se encuentra con obras de escritores famosos como Machado de Asís, José Saramago, Enrico Verissimo o poemas de Drummond entre basuras varias. Ella siempre soñó con tener una pequeña biblioteca en su casa pobre de Mirassol, a cerca de 500 kilómetros de São Paulo, así que con sus hallazgos inició una pequeña biblioteca en el mismo basurero para uso y disfrute suyo y de sus compañeros de trabajo.

    Actualmente, la biblioteca tiene más de 300 títulos y está gestionada por 11 recogedores de basura, cuenta con un pequeño espacio para sentarse a leer y hasta una área para escuchar música. Allí no se cobra por leer ni por prestar libros, no hay registros, ni controles de ningún tipo, pero quien se lleva un libro a casa, lo devuelve siempre después de leerlo. El sueño de Cleuza es que sus compañeros de trabajo en el basurero que sepan leer, se apasionen por la lectura y los que no saben, que disfruten aprendiendo.


Una historia maravillosa en medio de montañas de basura.

Fuentes:
El País:
 

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