¡Bienvenidos a este espacio dedicado a todos los que soñamos entrelíneas!


miércoles, 29 de mayo de 2013

“Ovejas” - Pebble Island - East fackland

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   Las ovejas son animales dóciles que prestan sus vestidos a los humanos. No es que a las ovejas les guste hacerlo, es sólo que no saben resistirse. Es probable que ni siquiera sepan que pueden resistirse.

   Podrían morder al esquilador hasta cansarlo, podrían ensuciar su lana con barro a tal punto que no fuera apetecible para los mercados, podrían incluso desobedecer a los fieles servidores de los amos, sus perros, y en cada ocasión que se preste, escapar colina arriba o valle abajo. Quizás con mucho esfuerzo, hasta podrían hacer que su lana no creciera. El problema es, a todas vistas, que las ovejas tampoco saben que son ovejas.

   Las ovejas van y vienen de las escuelas de ovejas para aprender que deben ir y venir del trabajo de las ovejas donde serán esquiladas cada vez que el amo lo crea conveniente. Las ovejas berrean, pero olvidan su dignidad cuando hacen frente al esquilador. Se agrupan en la masa, sin saber que opinar igual es no opinar en absoluto.      Las ovejas festejan en Plaza de Mayo cuando les mienten diciéndoles que se recuperó un nuevo rebaño en donde podrán esquilarlas mejor.

   Y si son tristes las suertes de las ovejas, más tristes aún son algunas ovejas que van vestidas de hombres.


- Jacques Pierre

sábado, 25 de mayo de 2013

Argenauta

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   Mi tierra bien querida...tienes lo que ninguna otra tierra...
   ¡Ay! ¡Si sólo para decírtelo lo supiera!

   Nunca de así ser serás quien no eras,
por matar tu desierto para que desierto sea.
   Ojalá el tiempo consuma tus barreras en la vela,
porque sabrás así que en el cansancio se mide la fuerza.

   Mi Argentina siempre llegó tarde a sí misma,
mas qué espléndida espera
   Argentina que no te miras,
esperar que vuelvas a lo que nunca fueras.

   Yo lo sé mal está eso cierto de nunca más.
   Siempre menos, cada vez menos,
no importa cuál el yerro, menos yerro será.
   No habrá mal más extremo
que el otro mazo que pareces buscar.
   Sólo refunfuña más alto, si necesitas recordar;
y ojalá al fin con éste aprenderás,
el prolijo orden que extrañas siembra caos al despertar.

   Mas, ¡ay de ti!¿Cómo en tu espejo te podrías ver?
   Pareces no estar, no ser de aquí.
   ¡Tienes el reflejo desde lejos visto al revés!

   Estás muerto sin nacer, pobre país,
sólo salvan tu historia los que no te saben escribir.
   Muchas manos labraron forma a tu tierra,
algunas mejor desde bajo tu tierra...
   A veces veo que hay más de verso
en la Argentina que ve el cielo,
que en la Argentina que honda se enterró.
   Es buena, no niego sin embargo, tu tierra.
   También lo sabrá tarde tu festejado prócer asesino
que por doquier de soñadores hizo siembra,
cuando pronto lo venza la cosecha que enterró destino.

   Recita de una vez en tu canto
que tu bandera no es tuya,
si cuando los colores del mar y cielo suma,
se hace hogar también para el hermano.
  Cuando la unión del horizonte a la paz hagas tuya,
no será más bandera tu cielo, para ser manto.
   Pues, piérdete de una vez el miedo
y hazte por fin del cielo.

   Hoy no tengo postre ¡protesto!...
pero mejor haya silencio si se presume de bien humano.
   Hoy no comió el resto.
   Que antes de quienes reclaman,
se llene para devolver su mano.

   ¡Bendita Argentina!
bendita de bondad:
regalas a precio tu harina
para a sangre comprarte el pan.
   Deja de guiar tu ceguera
con la ceguera de los demás,
créeme es más blanda la piedra
que en tu propio camino espera,
que la que otros te dejan detrás.

   ¿A qué aplaudes al que te roba
y odias al que al ladrón dice ladrón?
    Sabe que el consenso no da verdad a la razón,
y no permitas la realidad un castigo para el que llora. 
   
   ¿A qué odias al que piensa distinto?
   ¡Los corazones están atados de destino!   
   No se miente por decir otra visión,
¡y sólo pensar distinto es pensar con razón!


   Temes ver quién eres, temes tu gloria,
porque tu génesis de crisol,
con sangre indecisa de fragua fundió
tu suerte a la de las razas todas.
   ¡Despierta Argentina!
   Tu tierra de síntesis no está sola.


- Jacques Pierre

viernes, 24 de mayo de 2013

Eras huecas

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   Es un espacio.
   Es un profundo, infinito, cósmico dentro mío. 
   ..................Es un vacío.

   Siento como la gaviota en vuelo por do mueren
las estelas,
donde ya no asoman tormentas,
ni nacen albas,
de soles glaciales, y sienes.
   Aquí un viento............... entrelaza
 .................... (sin tiempo)
trenzas de trenzas,
de mar en crestas, olvido y fugaz abismo.
   De mar en crestas, fugaz abismo y olvido.
   De fugaz abismo, mar en crestas y olvido.
   De fugaz abismo, olvido y mar en crestas.
   Es un principio.

   Hacia el norte, azul, magnético, de brillo...
y goces.
   Aquí, donde yacen un pasado estático y otro.
   Donde sólo yerguen lápidas.
   Son doce
agujas de bronce.
   Son ejércitos de diminutas ánimas.
   Es un átomo de plomo.
   Es un limbo.


- Jacques Pierre

jueves, 16 de mayo de 2013

Neruda y yo - II

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   "Y si no das más, tan solo encuentra lo que hay en tus manos, piensa que dar amor nunca es en vano. Sigue adelante sin mirar atrás".
   Me dijo Pablo.

   "Y sigue porque tu corazón palpita y tus pasos caminan.
   Sigue porque hay que seguir, porque hay camino 
o porque hay camino para abrir.

   Sigue, camina que tus pies siembran y las lágrimas dan vida,
   Echa paso a la tierra, porque solo nunca si en ti tu compañía.

   Anda la montaña, sube al abismo y al otro paso del río,
sigue al horizonte abierto, sigue y haz tus pies el único camino.

   Agiten tus manos los vientos del paso de tus días,
barran las sombra tus besos de las noches que sean idas,
   Reserva tus puños para las puertas
y tus reverencias para las cosas ciertas.

   Pero sigue porque hay que seguir,
porque tu encontraste camino
y el camino era antes que tú,
ya otros que han seguido
hicieron de su paso ido,
suelo seguro y vivo también para ti.
   Tómalo, pisalo al paso y luego a seguir".

Le dije yo.


- Jacques Pierre

miércoles, 15 de mayo de 2013

Yo, Tú y Él

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   Yo sentía un sincero y para nada injustificado temor por ellos.
   Eran en sí mismos y por su sola presencia un llamado de atención, un recelo lógico que imponía las diferentes intenciones hacia con uno. Yo podía verlos intrigando vaya uno a saber qué tretas y escaramuzas, todas sin dudas, para sacar provecho en las desgracias de su prójimo.
   Él era del que más había que cuidarse.
   Siempre ajeno y extraño, de mirada insoldable que encubría maquiavélicas artimañas.
   Sus deseos no eran jamás buenos, como podía esperarse de cualquiera fuera de uno mismo. Y había indicios, pues muchas veces las evidencias habían señalado en su contra.

   Él lo sabía, y nada había hecho para excusarse por ser otro.
   Su desidia era consecuencia de creerse otro, de siempre haberse creído independiente de los demás.
   Una especie idealizada de ser que se asumía ser independiente sólo por incógnitos azares de su ego.
   Yo había tratado de hacérselo notar muchas veces sin éxito.
   Había predicado la mentira de creernos otros cuando somos uno solamente.
   Él, imbuido en los que creía sus propios y originales dogmas de persona, había desestimado todo esto.   Incluso, llegó a ejercer poderes y violencias por verdades, dando a sus puños las letras de las que no era capaz su lengua.
   Él, entretanto la noche rodaba sobre el día, urgía planes de villano, erigiendo ardides de destrucción.
   Yo resistía y predicaba, esforzando empeños en echar luz a sus mezquindades, empeñado en sacar agua de su sed.


   Mas, a fin de cuentas, descubrió que no podía solo.

   Yo tuvo que llamar a Tú, invocarlo en el sagrado nombre de la humanidad, pues como para los vivos no hay nada más sagrado que la vida que a los muertos a poco interesa, Yo, Tú, y Él estaban destinados a ser como uno, y así debían aprender sus verdades, unir sus caminos.
Desde pequeños todo había conspirado para creerlos y crearlos separados y mucho dolor tomó a Yo saberse indistinto. Superó los fantasmas de cuerpos y sombras, de otros y sus historias, de las cosas y las palabras que nos definen en casillas cuando las mismas casillas de personas son ilusiones y nada más que vanas ilusiones.
   Y  sólo entonces entendió todo. Sabiéndose parte de todo. Creyendo y aceptándose como todo en sí y todos los demás.
   ¿Cómo podría estar en guerra la mente contra el corazón o los pasos de su sangre en enemistados a sus suspiros?
   Los hombres debían amarse como a uno mismo pues uno mismo eran.
   Y con todo, Yo embistió día tras día contra Él, siempre inútil, siempre descubriendo que era distinta su lengua y distintos sus mundos.
   Antagonistas. Némesis para la perdición pues las estrategias de Él maduraban y se acercaba el momento en que atacaría para destruir a Yo y a la vez a sí mismo.
   Y así fue que la historia que empezó siendo de Yo fue la historia de Tú, pues él debió mediar, debió dar su sangre y los suspiros de su misma vida para que Yo y Él pudieran ver lo que él había visto, y darles a ambos una verdad tan obvia que dolía al comprenderse:
   -A tí Él te ve como tú - dijole a Yo.
   -A tí en cambio, él es el que te ve como tú - dijole a su vez a Él.
 
   Ambos lo miraron intuyendo más palabras.

   -Amigos, ¿no lo ven? - ni ÉL ni Yo respondieron -. ¡Los tres somos Yo!


- Jacques Pierre



lunes, 13 de mayo de 2013

Neruda y yo - I

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   Al alma la tenía rota y ni todo el cobre de las montañas volvería en lazos a unirle. A su pueblo le caía encima la oscuridad llevándose al salvador que le había traído la luz y que como su amigo sabía poner en verso, él ponía esas rimas en las manos. Y ahora ya no estaba, era una voz azotando a los ignorantes desde la voz de millones. Mas él ya no estaba. 
   Y no es que Pablo haya muerto, jamás se atrevería a tanto, pero tampoco quería ver a su país de mariscos y vinos desgarrarse, su alma rota ya no quería más días del terror. -"Luego nos volvemos a ver" - me dijo y desapareció entre las brumas de las olas que azotaban su isla oscura. Y me figuró una visión, un ensueño que me hacía el extrañarlo...mas no, yo sabía que había sido más que eso, y me dediqué a recordar sus palabras que habían guiado las mías como las huellas en la playa que imaginariamente tantas veces compartimos...


   "En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta".
Me dijo Pablo.

   "No hay hombre más triste que aquel que se olvidó de ser niño.

   En mi alma he reunido sueños pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir.
   El soñador que no sueña no es soñador, pero el hombre que no sueña está marchito y ha muerto antes de tocar su fin.

   No hay hombre más lamentable que aquel que se olvidó de soñar.

   En mi corazón he reunido latidos pequeños y grandes, sin los cuales no querría vivir.
   El hombre que no ama no es hombre, pero el hombre que no ha amado perdió para siempre la vida que jamás conoció.

   No hay hombre menos hombre que aquel que se olvidó de amar".
Le dije yo."


- Jacques Pierre

jueves, 9 de mayo de 2013

Idilio

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Y mientras lo soñaba, supe que era éste un sueño.

Ya no era el mismo hombre al que un vago recuerdo que aún no llegaba intentaba atarme. Otros, miles, mas podía ver las naciones que vendrían de mi simiente. Y los días pasaban fugaces, ya fuera yo rey o mendigo. La vida es una ilusión, me decía, y al decirlo sabía yo que no era yo quien lo decía.

Mas había un temblor en la idea que me llevaba.

Entonces ya no fui hombre sino bestia, y no posaba mis pies en la tierra sino que galopaba furtivo al impulso de mis cuatro miembros. Había también una hembra y un perfume que me distraía, mas no era ella el temblor de mi idea. Y los días eran un solo día atravesados por un millar de parpadeos de la noche, que estaba hecha para la avidez del hambre.

La vida es una presa, me decía, y al decirlo sabía yo que no era yo quien lo decía.

Ese temblor seguía palpitando, y en nada la sangre le resistía.


Y fue largo el tiempo en que peregriné entre sueños inquietos transformando mis manos en zarpas y perdiendo mi cuerpo en las formas. Entonces por fin enterré mis pies en el cansancio para que la tierra me cobijara.

En las largas noches mis sueños eran impacientes en la espera de la sangre que todavía no le llegaba. Se desgarraban mis labios para echarse a volar, ansiosos de ese camino que en sueños yo desandaba. La vida es movimiento, me decía, y al decirlo sabía yo que no era yo quien lo decía.

Y con todo, el temblor de la idea me empujaba más allá.

El tiempo me hizo sereno. Ya no tenía apremios y el mismo tiempo dejó de ser un río. Yo me dejaba hacer por el viento y las aguas, dando forma a mi fluir como en cosquilleos. Ante mí se hundían civilizaciones y florecían nuevas eras.

La vida es ver ser al contexto, me decía, y al decirlo sabía yo que no era yo quien lo decía.

Y todavía el temblor de mi idea quería más.

El vértigo y el vacío de no ser eran tan terribles como irresistible el sueño que me hacía buscar ese recuerdo desconocido. Y tanta el ansia que fui consumido por el fuego, y en el nido de la estrella al que había vuelto, allí estabas para ver al final del camino, y poder conmigo lazar al fin nuestros pasos tanto tiempo perdidos.

La vida es el destino, me decía, y al decirlo sabía yo que tú por mi boca quien lo decía.

Y al fin me desperté, para saber con ese temblor de la idea que cruzaba una senda infinita desde el principio de los tiempos, que aún soñaba y en ti vivía.


- Jacques Pierre

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