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miércoles, 3 de abril de 2013

Historia


 Las siembras de libros son un proyecto que llevo adelante desde septiembre de 2011, al cual convoco desde la fanpage de Facebook “El Club de los Libros Perdidos”. La convocatoria la realizo desde la página organizando distintos eventos en cada ocasión para difundir las invitaciones e indicaciones puntuales del proyecto. Las fechas son los días 21 de marzo, 21 de junio, 21 de septiembre y 21 de diciembre de cada año. La actividad consiste en que todos los participantes escojan uno de sus libros y escriban en una sección visible del mismo la consigna y aviso de que el libro es dejado en la vía pública de modo anónimo y consciente, bajo el lema de El Club de los Libros Perdidos, la fecha y el pedido de que quien lo encuentre participe del proyecto dejando ese mismo libro (u otro) en la fecha de la siguiente siembra. Luego, quienes lo desean, comparten sus fotos, anécdotas y vídeos del momento de la siembra en la página, incluso muchos llegan a encontrarse con quienes lo encuentran cuando estos acuden a la página a comentar que encontraron un libro. La motivación principal tanto de la página como del evento son difundir e incentivar la lectura de un modo lúdico que pueda incluir a familias y a docentes junto con sus estudiantes, tanto como a quienes de forma casual encuentren el libro. 
Público destinatario: el público al que está dirigido el proyecto no es específico, aunque a través de la experiencia, sólo el público interesado en la lectura o con suficiente motivación por iniciarse en la misma ha recogido los libros y se los levó luego de leer las consignas inscriptas en su primera página.
Evaluación: La evaluación y repercusiones en general son muy buenas. La participación aumenta año a año y la difusión se multiplica por el boca en boca y algunos medios, generalmente radios locales. En base a los comentarios, fotos y anécdotas, el resultado es muy positivo tanto para quienes participan sembrando libros como para quienes los encuentran. Esto, a raíz de sus testimonios, motiva a la lectura y al disfrute familiar y escolar de misma, a través del juego de las siembras. Han llegado a participar más de 100.000 personas en una sola ocasión y a lo largo de los años han participado un estimativo de medio millón de personas.

Bibliografía: En el mundo existe desde principios del 2000, un movimiento que se origina en los Estados Unidos y que se llama “bookcrossing”. Consiste en dejar libre un libro en la vía pública, en cualquier bus, tren, butaca de cine o plaza, para que alguien más lo encuentre. Este movimiento, que si bien tuvieron repercusión en los países de lengua inglesa, llegaron poco a Latinoamérica y España. Además quienes participan de ese movimiento, llevan un registro para rastrear las vicisitudes del libro que liberan, en cambio desde el Club, el interés está en estimular la lectura. Los libros sembrados no son rastreados necesariamente, y a diferencia del movimiento sajón, aquí se coordina fechas precisas de modo de crear la costumbre de sembrar y tener un mayor alcance en el público.   

Relato del proyecto: 
Soy Facundo Bonomi, un documentalista y docente universitario de Buenos Aires (UNLaM), pero tengo desde niño una profunda devoción por los libros. Así que el Club surge en abril de 2011 como página para compartir este gusto por la literatura. En un principio era poca la gente que se unía. Llevó mucho tiempo superar los primeros mil seguidores, luego el incremento fue exponencial y a fines de julio llegamos a los primeros 10 mil integrantes. Durante la primera semana de septiembre éramos 50 mil y para el 1 de octubre habíamos llegado a 100 mil. Hoy estamos alcanzando al millón y medio y la página sigue creciendo día a día.
Mi interés pasó de compartir simplemente literatura, a hacerlo algo más tangible y real, por eso fui creando más opciones en que se pudiera interactuar y lograr más allá de este espacio virtual. Libros colectivos, “cadáveres exquisitos” literarios, audios de cuentos leídos por los seguidores y al fin,  el proyecto de siembra de libros.
La consigna es simple, cualquiera puede participar dejando uno de sus libros en un espacio público un día 21 de mes de cambio de estación. Puede ser en un banco de plaza, butaca de cine, tren, colectivo, etc., siempre aclarando que el libro “fue sembrado” a propósito como parte del proyecto de El Club de los Libros Perdidos, y con el pedido de que quien lo encuentre vuelva a sembrarlo en el próximo cambio de estación. El libro está literalmente “perdido” y más que un rastreo existe una invitación a que quien lo encuentre vuelva a sembrarlo a su vez creando una cadena exponencial que idealmente involucraría a cada vez más gente en el gusto de la lectura.   
También existen una cuenta de twitter que inició más tarde y ya superó los 17.000 seguidores y un canal de Youtube donde compartí algunos videos hechos sobre libros o sobre los mismos integrantes del Club. Incluso para pasadas siembras, el Ministro de educación de Costa Rica, Leonardo Garnier y el escritor del mismo país, Carlos Díaz Chavarría; ellos grabaron diferentes videos promocionando las siembras y participaron activamente de ellas. 
Otra de las cosas más importantes es que la página intenta ser más que una simple fanpage, a la que uno puede darle un “me gusta” sin más. En ese sentido hay varias vías por las que se promueve la creatividad y las iniciativas de cada uno. El proyecto también cuenta con dos blogs, uno para compartir distintas notas literarias y difundir las siembras y otro donde se reciben y publican gratuitamente cuentos y poemas de los seguidores de la página, como una obra colectiva que da difusión a autores sin la necesidad de recurrir a grandes editoriales pero animándolos a darse a conocer, y gracias a la cantidad de personas que siguen al Club, se llega a un gran espectro de lectores, y así funciona dentro de sus limitaciones, como una editorial gratuita. Hoy se puede escribir algo digamos desde Buenos Aires, y compartirlo con personas que si te descuidás, encontrás que te felicitan desde Marruecos, Canadá o Sidney, entonces te hace al mundo un poco más chiquito, mientras a la vez hace las miras de las personas un poco más amplias. Y eso también es leer y eso también es escribir, y mientras más tiempo los autores y editoriales se resistan a entenderlo, más tiempo estarán perdiendo de unas herramientas poderosísimas para hacer que la cultura llegue a más personas y ámbitos.
Y seguramente lo que más personas moviliza, es justamente la “siembra de libros”. Muchos han enviado sus fotos del momento en que los dejaban en alguna plaza, colectivo, esquina, y algunos también de los libros que habían encontrado. Hasta así terminaron por encontrarse y hacerse amigas algunas personas. La idea fue hacer de estas siembras una cuestión orgánica y poder promoverlas de una manera fija y certera. Pero como liberarlos una vez al año habría sido demasiado poco regular, y una vez al mes o a la semana demasiado costoso para los seguidores que quisieran hacerlo, partí de la idea de hacerlo en cada cambio de estación, representándolo como una “siembra de libros”. Así se fijé el día 21 de cada mes en que se da inicio a una nueva temporada, es decir, marzo, junio, septiembre y diciembre. Y es maravilloso saber que el mismo día en que yo lo estoy sembrando en Buenos Aires, en cualquier pueblo o ciudad del interior del país, o hasta alguien en España o Australia está haciendo lo mismo.
   Y para esto no existen mayores requisitos. Cada uno siembra libros si así lo quiere, cuando y donde quiere. Muchos incluso han llegado a dejar docenas de libros por su cuenta, maestras con sus estudiantes, o adultos con sus hijos, nietos o sobrinos, lo que inicia a muchos niños en el interés por la lectura de un modo divertido.

De este modo el Club también funciona como una biblioteca libre, que permite no sólo que si la gente no va a los libros, los libros partan a buscar sus propios lectores, sino que agrega un tinte de magia en quien los encuentra. Y para mayor sorpresa, no sólo en quienes los encuentran, sino que principalmente en quiénes los siembran, que pueden apenas imaginarse qué significarán para los que los hallen, y las maneras en que esos libros florecerán en sus vidas.
Muchas veces, y casi siempre justificadamente, Facebook y las redes son consideradas como medios de desinformación, de trivialización de la información, y mi manera de verlo es que si son así, es porque permitimos a que así sea. Es también responsabilidad de muchos pretendidos intelectuales, que evaden el medio descalificándolo, sin querer ver que las tecnologías llegan para quedarse, y que a favor de la cultura y el entendimiento humano, cualquier herramienta es tan válida como cualquier otra.
Aquí se busca contagiar la lectura y también incentivar a la escritura de quienes están en la página, y aún más, que a través de la lectura y estos modos de compartirla, se cambien prejuicios e ideas que no corresponden con nuestra época: compartir, regalar, acercarse al otro y conocernos a través de los libros y esta idea de sembrarlos, lleva consigo la promesa de hacernos mejores a nosotros mismos y más ricas a nuestras culturas.
 Por otra parte es sorprendente lo bien dispuestas que están las personas a leer. Algunos dicen que hoy en día casi no se lee, a mi ver es todo lo contrario, hoy se lee más que nunca en la historia, sólo que los modos y los soportes para hacerlo están cambiando.
   Y es esa una de las principales motivaciones que tengo en el Club, pues creo que los libros realmente pueden hacer mejores a las personas, uno no puede ver la historia argentina de la misma manera después de leer a Giardinelli o Walsh, no puede ver a una mujer del mismo modo después de encontrarse con Neruda y no puede dejar de ver al mundo muy diferente después de conocer las palabras de Bakunin. Y si se los comparte se abren las puertas a cambios que quizás no entendamos ni jamás veamos, pero que serán.
Acostumbro recordar un viejo cuento sobre un anciano sembrador de dátiles, árboles que tardan una generación en dar sus frutos. En medio de su labor se encuentra con un joven amigo de acomodada posición, que lo cuestiona porque el anciano jamás podrá probar de lo que siembra. Éste, sin perder el ánimo, le responde que él probó los dátiles que alguien más sembró antes, y que sólo está correspondiendo a esa deuda, para que alguien más, algún día, se sienta agradecido por lo que él siembra ese día.

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